Álvaro Arbeloa acaba de terminar su primera aventura como entrenador profesional en lo que sin duda ha sido una oportunidad envenenada donde había más que perder que ganar.
Escogemos en esta ocasión este cromo de Arbeloa que evoca por un lado la felicidad del ascenso recién conseguido por el Dépor tras largos años de espera y que por otro escenifica el amargor de su también reciente salida del Real Madrid como técnico. Natural de Salamanca, fue formado en las categorías inferiores del Real Madrid logrando debutar con el primer equipo en el 2004. Sin embargo, siguió jugando en el filial y, ante la dificultad para obtener más oportunidades con los mayores, optó por salir del club con destino Riazor. Sus buenas actuaciones en A Coruña propiciaron el interés del Liverpool, que lo reclutó antes incluso de que terminase la temporada. Otros dos años en aquel Spanish Liverpool y vuelta al Real Madrid para, esta vez sí, completar siete cursos como jugador blanco en los que participó de forma regular a excepción de la última de ellas. Se retiró como jugador del West Ham en el verano del 2017. Forma parte del elitista club de los que ganaron el triplete de las dos Eurocopas y el Mundial con la selección española desde el año 2008 hasta el 2012. En total, fue internacional en 56 ocasiones. Se trataba de un defensor con buena salida de balón que en sus inicios se desempeñó como central pasando al lateral desde su época en Anfield. Aunque llegó a ocupar el perfil izquierdo, su posición natural y la que más frecuentó fue la del lateral diestro.
Arbeloa como entrenador solo ha trabajado hasta ahora en el Real Madrid dirigiendo al Juvenil A y el Castilla para finalmente hacerse cargo del equipo principal desde enero del presente año. Las expectativas puestas en él eran realmente altas tras su desempeño en las inferiores, pero se viven unos tiempos convulsos por el Paseo Marítimo de la Castellana en los que, posiblemente, haya que pasar por un exhaustivo periodo de reciclaje antes de recuperar tiempos heroicos.









